SM el Rey dirige un discurso a la Nación con motivo la Fiesta del Trono (Texto íntegro)

SM el Rey Mohammed VI dirigió, hoy lunes, un discurso a la Nación con motivo del vigésimo aniversario de la accesión del Soberano al Trono de sus gloriosos ancestros.

He aquí el texto íntegro del discurso real:

«Loor a Dios, la oración y el saludo sean sobre nuestro señor Enviado de Dios, su familia y compañeros,

Querido pueblo,

Veinte años han transcurrido desde que el Todopoderoso me asignó la misión de llevar tus destinos. Magna es esta tarea y enorme la responsabilidad que de ella se deriva.

A ti y a Dios el Altísimo he hecho la promesa de obrar sinceramente por cumplirla.

Tengo a Dios por testigo, que jamás he escatimado ningún esfuerzo por defender tus intereses supremos y tus justas causas.

Dios sabe También que de tu servicio he hecho mi absoluta preocupación para que todos los marroquíes por igual y estén donde estén, gocen de una vida libre y digna.

Por ello damos las gracias al Todopoderoso por habernos prodigado su gracia de unidad y cohesión, así como de pleitesía intercambiada entre el Trono y el pueblo, unidos por lazos de amor y fidelidad, que los años no hacen sino reforzar y consolidar.

También le debemos gratitud por habernos agraciado con la unanimidad nacional que une a los marroquíes alrededor de los valores constantes y sagrados de la Nación, así como en torno a las grandes opciones del país.

En este contexto, cabe mencionar, en primer lugar, la Monarquía Patriótica y Ciudadana, asentada sobre la proximidad al ciudadano, asumiendo sus preocupaciones y ambiciones, y obrando por responder a las mismas.

En segundo lugar, se halla la opción democrática y de desarrollo que, firme y decididamente, lideramos.

En tercer lugar, tenemos las profundas reformas que hemos emprendido y las reconciliaciones que hemos llevado a cabo, amén de los grandes proyectos que hemos realizado.

Merced a todo ello, hemos logrado, gracias a Dios, proseguir el proceso de edificación del Marruecos moderno, superando las dificultades que se han interpuesto por nuestro camino.

Damos igualmente las gracias al Altísimo por habernos aportado el buen éxito en las iniciativas y esfuerzos que hemos desplegado al servicio de nuestro pueblo y de nuestra patria.

En efecto, a veces no conseguimos plasmar todas nuestras ambiciones. Sin embargo, hoy nos anima una mayor voluntad por continuar los esfuerzos y capitalizar los logros, completando el proceso de la reforma y retomando las disfunciones que la experiencia ha hecho ver.

Querido pueblo,

Hemos conseguido dar un paso cualitativo en el ámbito de las infraestructuras, tanto en lo que se refiere a las autopistas, al tren de alta velocidad, a los grandes puertos, como a las energías renovables y a la rehabilitación de las ciudades y del espacio urbano.

Por otra parte, se nos reconocen importantes avances por la vía del afianzamiento de los derechos y libertades y de la consolidación del sano ejercicio democrático.

No obstante, somos conscientes de que las infraestructuras y reformas institucionales, por muy importantes que sean, no bastan por sí solas.

Así pues, en aras de la transparencia y objetividad, podemos decir que este balance positivo se ve afectado por el hecho de que los efectos de tal progreso y realizaciones, desgraciadamente, no han abarcado suficientemente a todos los sectores de la sociedad marroquí.

Porque algunos marroquíes no llegan a sentir sus efectos sobre la mejora de sus condiciones de vida, ni responden a sus necesidades cotidianas, particularmente en el ámbito de los servicios sociales básicos y de la limitación de las disparidades sociales y la consolidación de la clase media.

Dios sabe cuánto sufro viendo cómo la pobreza y la precariedad se apoderan de las condiciones de vida de algunos marroquíes, aunque no representen más que el 1 %.

De ahí el que hayamos dedicado una importancia particular a los programas de desarrollo humano y a la promoción de las políticas sociales, así como a la aportación de una respuesta a las imperiosas preocupaciones de los marroquíes.

Como bien he afirmado en el Discurso del año pasado, no podré estar tranquilo mientras no tratemos los escollos y encontremos las soluciones idóneas a los problemas sociales y de desarrollo.

Ello será posible cuando se alcance una visión global y se disponga de las competencias preparadas y de las condiciones necesarias para llevar a cabo los proyectos programados.

Querido pueblo,

En los últimos años, nuestro modelo de desarrollo ha dado la prueba de su incapacidad para responder a las crecientes necesidades de un sector de los ciudadanos, así como para contrarrestar las disparidades sociales y espaciales, hecho éste que nos ha llevado a propulsar su revisión y actualización.

En realidad, personalmente no soy propenso a crear comisiones especiales, porque, para algunos, es el mejor medio para enterrar los expedientes y problemas.

Sin embargo, hemos procedido a su creación para determinadas cuestiones de alcance nacional, como pueden ser la Regionalización, la Constitución y el Código de la familia, y la Instancia de Equidad y Reconciliación y hemos velado personalmente por el seguimiento de sus trabajos, generando de este modo unos resultados positivos y constructivos.

En este contexto, hemos decidido crear una Comisión especial para el modelo de desarrollo que vamos a instalar, con la voluntad de Dios, al comienzo del próximo curso político.

Para su configuración, Hemos tomado en consideración las distintas ramas de la sabiduría y tendencias intelectuales, que conforman las competencias nacionales del sector público y privado, que responden a los criterios de experiencia e imparcialidad, así como a la capacidad de sincronizar con la sensibilidad de la sociedad y con sus expectativas, teniendo presente los intereses supremos de la Nación.

En este contexto, quiero insistir sobre el hecho de que tal comisión no va a constituir un segundo gobierno o una institución oficial paralela, sino más bien será una instancia consultiva con una misión temporalmente limitada.

De ahí el que tenga que tomar en consideración las grandes orientaciones de las reformas adoptadas o por adoptar, en una serie de sectores como pueden ser la enseñanza, la sanidad, la agricultura, la inversión y el sistema tributario, con el objetivo de aportarles calidad y mejorar su eficacia.

Esperamos que ejerza su labor con total imparcialidad y objetividad, y que nos traslade la realidad por cruda o dolorosa que fuera, además debe de dar prueba de valor y creatividad al proponer soluciones.

No se trata de marcar una ruptura con el pasado; nuestro objetivo consiste en añadir un nuevo elemento en nuestro proceso de desarrollo, en el seno de la continuidad.

Pero más que nada importa el valor, el tesón y el alto espíritu de responsabilidad para la buena aplicación de las conclusiones y recomendaciones pertinentes, que serán adoptadas, aunque sean difíciles y costosas.

En una próxima ocasión, si Dios quiere, volveré a retomar este tema.

Mientras tanto, hay que seguir trabajando en la gestión de la cosa pública, con mayor compromiso y responsabilidad y en consonancia con las preocupaciones de los ciudadanos.

Efectivamente, hay que poner el acento de manera especial en la mejora del nivel de los servicios sociales básicos y de las prestaciones de los servicios públicos.

Paralelamente, invitamos al Gobierno a iniciar la preparación de una nueva generación de grandes planes sectoriales, basados en la complementariedad y armonía, a fin de que constituyan un pilar de la nueva configuración del modelo de desarrollo.

Querido pueblo,

La renovación del modelo nacional de desarrollo no es un fin en sí, sino más bien constituye un preámbulo para la nueva etapa a la que queremos llevar a Marruecos, con la ayuda de Dios.

Se trata de una nueva etapa basada en la responsabilidad y en el despegue general.

Una etapa prometedora, ya que las enormes capacidades y potencialidades de que dispone Marruecos, nos permiten realizar más de lo que hemos alcanzado, y además, somos capaces de hacerlo.

Nuestra mayor ambición radica en que Marruecos se incorpore al tren de los países avanzados.

Pero la nueva etapa que nos espera, viene también cargada de numerosos retos y apuestas, tanto internos como externos, que hay que superar.

El primero, tiene que ver con la consolidación de la confianza y de los logros, ya que en ello radica el éxito y la realización de las ambiciones. Por supuesto, la confianza ha de ser recíproca entre los ciudadanos, y entre éstos y las instituciones nacionales que les unen, confiados en un futuro mejor.

El segundo, se relaciona con la necesidad de evitar el ostracismo, particularmente cuando se trata de algunos dominios que más bien requieren una apertura sobre las experiencias mundiales, porque en ello descansa el pilar del avance económico y del desarrollo, con todas las oportunidades que ello comporta en términos de mejora de la competitividad de las empresas y de los actores marroquíes.

En efecto, la apertura constituye un estímulo para la atracción de las inversiones y la transferencia del saber hacer y la experiencia extranjeros, así como incita a mejorar la calidad y el rendimiento de las prestaciones y servicios, perfeccionando el nivel de formación y ofreciendo mayores oportunidades de empleo.

Efectivamente, tanto el Estado, como el sector público y los cuerpos profesionales nacionales han desplegado grandes esfuerzos para cumplir con el papel que les corresponde y mejorar su acción. Sin embargo, algunos sectores y determinadas profesiones liberales, por ejemplo, necesitan abrirse sobre las experiencias y competencias mundiales, así como sobre las inversiones privadas, tanto nacionales como extranjeras.

En este sentido, numerosas instituciones y empresas internacionales han manifestado su deseo de invertir y de instalarse en Marruecos.

Ello puede ser motivo de satisfacción, por la confianza que Marruecos se ha ganado. No obstante, las trabas que imponen algunas leyes nacionales, añadidas al miedo y vacilación que rigen la mentalidad de algunos responsables, hacen que Marruecos se vea, a veces, en una situación negativa de ensimismamiento e inhibición.

Aquellos que rechazan la apertura de algunos sectores, que no quiero mencionar aquí, so pretexto de que ello produciría una pérdida de puestos de trabajo, no piensan en los marroquíes sino que temen por sus propios intereses.

Bien al contrario, la inversión extranjera en los sectores en cuestión, supondría un apoyo a los esfuerzos del Estado, no sólo proporcionando oportunidades de empleo sino también impulsando la formación de calidad y la atracción del saber hacer y de las experiencias exitosas.

El tercero consiste en la aceleración económica y la eficiencia institucional, con el objetivo de forjar una economía fuerte y competitiva. En este sentido, se hace necesario el permanente fomento de la iniciativa privada, el lanzamiento de nuevos programas de inversión productiva y la creación de mayores oportunidades de empleo.

La realización de tal objetivo queda igualmente supeditada a la mejora de la eficiencia institucional y al cambio de las mentalidades de los responsables.

En efecto, el sector público necesita urgentemente una verdadera revolución tridimensional que consistiría en una revolución para la simplificación, una revolución para la eficacia y una revolución para la moralización.

Con anterioridad, tuve la ocasión de lanzar una llamada para que se procediera cuanto antes a introducir cambios en los estilos de actuación y a esforzarse por ser creativos en la gestión de la cosa pública.

El cuarto, a saber, la apuesta por la justicia social y espacial, tiene por finalidad la conclusión de la edificación del Marruecos de la esperanza y de la igualdad para todos.

Un Marruecos en el que no tienen cabida las disparidades flagrantes o actitudes frustrantes, ni tampoco las manifestaciones rentistas o desperdicios de tiempo y energías.

De ahí el que se imponga una ruptura definitiva con estos comportamientos y manifestaciones negativas, promoviendo los valores del trabajo, la responsabilización, la meritocracia y la igualdad de oportunidades.

Querido pueblo,

El éxito de esta nueva etapa requiere la implicación de todas las instituciones y actores nacionales concernidos, a fin de aportar un nuevo impulso a la operación de desarrollo económico y social en nuestro país.

Ello requiere igualmente una movilización colectiva, así como la colocación de los intereses de la Nación y de los ciudadanos por encima de cualquier otra consideración, representando una realidad efectiva y no meros eslóganes.

Amén del importante papel que han de desempeñar las diferentes instituciones nacionales, quiero insistir aquí en la necesidad de implicar al ciudadano marroquí, siendo uno de los actores esenciales para el éxito de esta etapa.

Por ello, quiero invitar a todos los marroquíes a aportar su positiva contribución a esta etapa, mediante un patriotismo activo, ya que los resultados que anhelamos, así como los proyectos e iniciativas que emprendemos, tienen un solo objetivo, a saber, la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos.

La nueva etapa, va a conocer, con la voluntad de Dios, una nueva generación de proyectos, pero va a necesitar también una nueva élite de competencias en los diferentes puestos y responsabilidades, así como una nueva savia que habría que inyectar a las distintas instituciones económicas y administrativas, y formaciones políticas, incluido el gobierno.

En este marco, y en el horizonte del próximo curso político, encargamos al Jefe del Gobierno elevar a nuestra Consideración propuestas que busquen enriquecer y renovar los puestos de responsabilidad gubernamentales y administrativos, mediante competencias nacionales altamente cualificadas, sobre la base de los criterios de la competencia y la meritocracia.

Ello no significa que el actual gobierno y los servicios públicos no cuenten con algunas competencias entre sus filas.

Nuestro objetivo consiste en reunir las condiciones de éxito a esta nueva etapa, a partir de nuevas mentalidades capaces de mejorar el nivel de las prestaciones y operar esa mutación fundamental que bien deseamos.

Querido pueblo,

Sin lugar a dudas, la celebración de la Gloriosa Fiesta del Trono, constituye el momento más expresivo que nos permite reafirmar nuestro sólido aferramiento, tanto a la marroquidad de nuestro Sahara, como a nuestra unidad nacional e integridad territorial y a nuestra plena soberanía sobre cada centímetro del territorio de nuestro Reino.

Al expresar nuestro orgullo por los logros alcanzados por nuestro país, tanto en el seno de Naciones Unidas como a escala africana y europea, invitamos a mantener la movilización en todos los niveles, a fin de consolidar dichos logros y hacer frente a las maniobras de los enemigos.

En este sentido, inamovible es la postura de Marruecos con respecto a su sincera adhesión al proceso político, exclusivamente auspiciado por las Naciones Unidas.

Por otra parte, clara es su convicción de principio con respecto a la única vía de arreglo anhelado que sólo tendrá lugar en el seno de la total soberanía marroquí y en el marco de la Iniciativa de autonomía.

En efecto, los desafíos securitarios y de desarrollo que afrontamos, no pueden ser relevados individualmente por ningún país.

Desde esta perspectiva, queremos reiterar nuestro sincero compromiso de continuar tendiendo la mano a nuestros hermanos en Argelia, fieles a los vínculos de fraternidad, de religión, de lengua y de buena vecindad, que siempre han unido a nuestros dos pueblos hermanos.

Esto mismo es lo que se ha podido constatar a través de las muestras de entusiasmo y simpatía que, con total sinceridad y espontaneidad, han manifestado últimamente el Soberano y el pueblo de Marruecos, en apoyo de la selección argelina, con ocasión de la celebración de la Copa Africana de Naciones, que ha tenido lugar en Egipto hermano, compartiendo con el pueblo argelino los sentimientos de orgullo tras su merecida victoria en este campeonato, como si fuese una victoria del propio Marruecos.

Esta conciencia y fe en la unidad y en el destino común, así como en el patrimonio histórico y civilizatorio que compartimos, es lo que nos anima, con esperanza y optimismo, a obrar por realizar las aspiraciones de nuestros pueblos magrebíes hermanos de alcanzar la unidad, la complementariedad y la integración.

Querido pueblo,

Marruecos, nuestro hogar común, pertenece a todos los marroquíes, y todos, cada cual desde su posición, debemos contribuir a su construcción y desarrollo, salvaguardando su unidad, seguridad y estabilidad.

Es un Marruecos que da cabida a todos sus hijos, y donde todos, sin distinción ni discriminación, tienen idénticos derechos y obligaciones, en el seno de la libertad y la dignidad humana.

En estas circunstancias, queremos evocar con total engrandecimiento, la memoria de todos los marroquíes libres que han consentido grandes sacrificios por la libertad y la independencia, contribuyendo a la edificación del Marruecos moderno, el Marruecos del desarrollo, de la democracia y del progreso.

A la cabeza de todos ellos hallamos a Nuestro Augusto Abuelo, Su Majestad el Rey Mohammed V y Nuestro Venerado Padre, Su Majestad el Rey Hassan II, Dios les tenga en Su Santa Gloria.

Queremos igualmente rendir Nuestro homenaje y expresar Nuestra consideración a todos los elementos de Nuestras Fuerzas Armadas Reales, Gendarmería Real, Fuerzas Auxiliares, Seguridad Nacional y Protección Civil, por su permanente movilización, bajo Nuestra conducción, en defensa de la unidad de nuestra Nación y la salvaguarda de su seguridad y estabilidad.

Dice el Altísimo: «A quienes de vosotros crean y obren bien, Dios les ha prometido que ha de hacerles sucesores en la tierra, como ya había hecho con sus antecesores.» Sagrado Alcorán.

Wassalamou alaikoum warahmatoullahi wabarakatouh».

(MAP)

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